Autodefinición

Texto en el que Felipe Criado describe la “Circunstancia personal en que realiza su trabajo”.
Incluido en el catálogo para la exposición en la Galería de Arte Catro (A Coruña, 1979, págs. 6-14)

El pretexto de fechar con este folleto, no catalogo la nueva ocasión de una exposición más, me decide a inscribir aquí algunas palabras que hablen de la “circunstancia” personal en que realizo mi labor.

Espero sirva al lector y amigo como vía de acercamiento a mi obra. No existen aquí pretensiones de hacer Teorías ni manifiestos: simplemente hacer mención a los pequeños condicionantes que comportan un “estar” y supeditan un resultado.

Diré, pues:

Que mi tarea la realizo a través de dos sesiones diarias, con un total de 6 a 10 horas de trabajo.
Que este trabajo lo compone una dinámica –la del hacer – y una estática, introversión.
Que mi taller se abre sobre sita Coruña, en una visón de piso 20º.
Que apenas sí recibo visitas.
Que realizo mi tarea en soledad intensa.
Que como amo a los perros -también a los caballos-, a veces me acompaña la “Gioconda”, mi pequeña perra de un kg. de peso.
Que en esta soledad que ningún ruido perturba, llego a ver el silencio.
Que esta sensación es tan incómoda e irreal, que preciso perturbarla, que el ruido cobre el ritmo normal y con él los demás sentidos.
Que creo que esta soledad, de simple sensación, pasa a construirse en protagonismo real. Tan real que dudo quien sea yo y qué lugar ocupa ella.
Que con frecuencia percibo en esta soledad algo que viví. Activo, presente y esparciéndose a través de mis constantes.
Que fatalmente la soledad que nos acompaña desde el origen de los tiempos estará ahí y para siempre, por más fraude que sea la posibilidad de vida inteligente en el Cosmos. A miles o millones de años luz, jamás habrá “compañeros” posibles ahí afuera.
Que un fantasma así encierra energía sobrada para presidir nuestra acción por encima de la voluntad y el control.
Que cuando escucho el vacío y el silencio y me siento habitado por la soledad, preciso la fuga y pido a la mano que me libere, garabateé y gestualice para mí.
Que ella entonces en grafismo meteórico, (de 2 a 5 segundos), engendra figuraciones que alivian el momento.
Que me alegra realizar esos grafos de pluma y me lo hacen pasar muy bien.
Que incluso aquí algunos de ellos, para que amplíen el panorama expresivo de lo escrito y también para que sepáis de su existencia, pues no han visto más luz que la de mi taller.
Y en fin, que aprendo muchas cosas con ellos, pues me hablan de sí mismos, de los demás, de mí y sobre todo de la vida: esa “deliciosa” experiencia que es vivir… e irse muriendo.

Me queda por decir que, para mí, las horas “imperantes” del día con los crepúsculos. Amanecer, vida, promesa. Atardecer, poniente, ocaso. Y que un poniente hecho de luz horizontal como emparedado de nubes y cielo, me trajo sensaciones, casi color, casi volumen. Casi sonido y palabras.

Instantes traducidos y decían algo así:

I) Poniente: horizontal
Luz, esfera.
Pasado, presente, futuro, preñez.
Infancia, fragancia juventud, vejez.
Cara y cruz.
Tu tangible experiencia.
Vida, casación. Miedo irracional.
Intemporal ruta.
Deseo evanescente, danza.
Terror, gente.
Gente, miedo, vida;
Vivencias, cicatriz herida;
Herida, pasado, presente;
Presente, esperanza.
¡Poniente!

II) Poniente, montes, [palabra ilegible]
Aros, pan.
Mozas, bragas.
Color, abrazo envolvente.
Corriente de agua profunda, de vida.
Pardos, nubes, cielo.
Telón recostado, ondulado.
Silente;
Procaz, palpitante caliente.
Tierra en amor en entrega;
Lomba que vuela;
Oscuridad creciente.
Nidos, abrazos, caricias, regazos:
Mentiras, avatares, lucha:
Gente.
Gente de nuestros lares;
Lares, vida, cantares.
Cantares, cantar, cantos, cán.
Tierra, aire, ladrido, pan.
Amor soledad mi luz.
¡Poniente!